Sacar partido a la disrupción
Europa: la autonomía estratégica como oportunidad
El panorama político en Europa (y en el mundo) está experimentando actualmente quizá los cambios más profundos desde el final de la Guerra Fría. La pandemia de la COVID 19, la guerra en Ucrania y ahora los cambios abruptos en el sistema global de comercio y la reevaluación de antiguas alianzas, especialmente con EE. UU., han conducido a una nueva realidad en la que los Estados europeos, tanto individual como colectivamente, tendrán que realinear sus prioridades y adoptar un tono cada vez más independiente en los escenarios políticos y económicos globales.
Cambios que se aceleran
Aunque los historiadores probablemente sitúen las raíces del nuevo orden mundial —y del lugar de Europa en él— varias décadas atrás, fue la pandemia de la COVID 19 la que marcó un cambio profundo al cuestionar la narrativa dominante de una globalización imparable. Las empresas y los gobiernos se vieron obligados a reconsiderar rápidamente sus cadenas de suministro cuando éstas se vieron interrumpidas o rotas, y la re regionalización o el near shoring se convirtieron en prioridades.
El ascenso de la autonomía estratégica a lo más alto de las agendas políticas y económicas se aceleró aún más con la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia. Esto no solo provocó un shock comercial inmediato, especialmente en torno al suministro energético, sino que también supuso una amenaza existencial sin precedentes para muchos países de la Unión Europea. La ampliación de la OTAN y los compromisos para rearmarse y aumentar considerablemente los presupuestos de defensa no tardaron en llegar.
El impacto del segundo mandato de Donald Trump
El inicio del segundo mandato de Donald Trump ha acelerado estas tendencias de varias maneras. En primer lugar, la retirada del conflicto de Ucrania y de Europa en general ha impulsado aún más el gasto europeo en defensa, incluido el programa europeo “Preparation 2030” y numerosas iniciativas similares a nivel nacional.
En segundo lugar, aunque aún es imposible prever el panorama final de aranceles, el llamado “Liberation Day” de Trump llevó a muchos sectores en Europa a reconsiderar rápidamente sus perspectivas estratégicas y sus impulsores de crecimiento futuros. Para muchos actores empresariales y políticos, este periodo consolidó la soberanía europea como la cuestión política fundamental de nuestro tiempo, algo que se ha puesto incluso más de relieve tras las tensiones en torno al futuro de Groenlandia.
El estímulo de un nuevo gobierno alemán comprometido a impulsar la inversión (mediante un mayor endeudamiento) así como los compromisos en toda la UE para aumentar el gasto en defensa y apoyar industrias estratégicas, están contribuyendo también a un sentimiento más optimista en los mercados europeos, donde las valoraciones bursátiles siguen cotizando con un descuento estructural respecto a sus pares estadounidenses.
Sin embargo, el rumbo que tome el continente en los próximos años tendrá un efecto más duradero y profundo en el panorama de la renta variable europea.
Aunque el efecto más visible y mediático del avance de la soberanía europea es actualmente el amplio compromiso con el rearme por parte de muchos países, la idea de soberanía también se extiende a un abanico de sectores estratégicos, y va de la mano de otras megatendencias significativas como la transformación digital y la transición energética.
Los principales beneficiarios surgirán en muchos ámbitos, algunos menos evidentes que otros. Además del sector defensa, la reindustrialización tecnológica generará oportunidades en aeroespacial, infraestructuras y ciberseguridad, favoreciendo a quienes mejor logren aprovechar el rápido desarrollo de la inteligencia artificial y la tecnología en general.
La transición energética y el deseo de autonomía energética impulsarán la inversión en tecnología verde, especialmente en movilidad sostenible, eficiencia energética y desarrollo de la economía circular.
Asimismo, otros sectores se beneficiarán: biotecnología, salud humana y animal, todos ellos impulsados por la reconfiguración de las cadenas de suministro y el avance hacia una mayor independencia europea. Todas estas tendencias fomentarán la innovación y el crecimiento en los sectores financiero y asegurador, facilitando los flujos de capital y la independencia financiera de las empresas europeas.
Oportunidades de mercado
Desde una perspectiva de inversión, la tendencia secular hacia la soberanía europea ofrece oportunidades multisectoriales a medio y largo plazo. La clave aquí son los llamados catalizadores tecnológicos: empresas no necesariamente encuadradas en los sectores tradicionales de tecnología o informática, pero que participan en todos los ámbitos de la transición digital, la ciberseguridad, la defensa y la transición verde.
En este sentido, es esencial identificar aquellas empresas que se convertirán en los futuros campeones europeos, capaces de ofrecer liderazgo y excelencia global en áreas clave relacionadas con estas megatendencias. La soberanía europea dependerá tanto del papel de los líderes actuales del mercado como de las pequeñas y medianas empresas que sostendrán la transición del continente en los próximos años y décadas.